
Llevo 11 años de conductora, y en uno de esos años pensé en salir con mi “algo” a pasear un caluroso día de verano de un 14 de febrero. La idea era escaparnos a disfrutar de la tarde en un pulmón verde en medio de Santiago para disfrutar de la sombra de los árboles y de un ambiente más grato que en la asfáltica ciudad.
El clima nos acompañaba y cargué en mi c3 una mantita, café, jugo, cerveza y un librito de predicciones para amenizar la romántica tarde. Salimos a las 3 de la tarde raudos por Américo Vespucio cuando en medio de la música y la conversa se enciende la luz de sobrecalentamiento, del tablero del auto por supuesto. Entré en pánico pensando en que se me fundiría el motor.
Salimos de la autopista y quedamos en medio de una población sin nombre, con mi auto hirviendo y con media decena de flaites pululando en las cercanías. Tuvimos que esperar una hora antes de encender mi auto y por recomendaciones del fabricante no destapamos el depósito de agua hasta que estuviera totalmente frio. El calor de la tarde no ayudaba y mi romántica tarde se había evaporado junto al agua de mi bólido.
Afortunadamente estábamos cerca del Movicenter, lo que sería la Clínica Alemana para un enfermo cardíaco en crisis. Nos fuimos muy lento y rezando hasta llegar al primer servicio automotriz.
Ingresamos al taller y uno de los mecánicos revisó el auto y comenzó a llenar el estanque del agua, con refrigerante y agua destilada. El auto chupaba y chupaba como endieciochado y no podíamos creer que entraran tantos litros. Cuando se asomé bajo el auto vi una gran posa de agua. No lo podía creer y pensé que el tema era peor de lo esperado y se había roto una manguera.
De ahí en adelante, mi “algo”, el mecánico y yo, pusimos cara de ecuación de física cuántica hasta que levantamos el auto y ¡sorpresa! no había nada roto, solo faltaba una abrazadera en la manguera de unión al estanque. Un par de días antes lo había revisado mi mecánico de de cabecera y había olvidado colocar la abrazadera, que no es más que una amarra metálica que une y sella el estanque con la manguera.
Gracias al olvido de esta pequeña pieza pasé una acalorada tarde entre tuercas, con la cabeza metida en el motor y sin mi romántico paseo. Moraleja: No confíen plenamente en su mecánico de cabecera, los olvidos y errores pueden ser graves, por tanto verifiquen la calidad de la intervenciones automotrices, eso les asegurarán tener un ardiente 14 de febrero sin problemas con su auto ; )



